Carta N°25
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Gorze, Abril 2006

Q
ueridos amigos,

Un día el gran escritor Chesterton dijo: "cuando me quiero enterar de la actualidad más reciente, leo las cartas de San Pablo!" La actualidad más reciente y de mayor importancia será siempre Cristo, muerto y resucitado. En esta Santa Noche de Pascua, la Historia de la humanidad ha dado un giro completo. Desde ahí en adelante para quien lo desee, nada es lo mismo, ni en su historia personal, ni en la historia universal. Sólo las apariencias permanecen.

La Resurrección ofrecida a todos significa la victoria de la vida total sobre la muerte y el infierno.

Con Cristo pasamos realmente del no-ser al ser, del infierno al cielo, de la muerte y de la corrupción a la eternidad. "Nuestra Pascua es Cristo" dice San Pablo. En ÉL se interpenetran energéticamente lo humano y lo divino. Con ÉL la tumba se transforma en cámara nupcial, ÉL, el Resucitado es el Esposo que viene en la noche de cada uno de nosotros: Sol de Justicia, EL inunda de luz nuestras tinieblas, reduce a la nada todas nuestras angustias y nuestros odios, transforma nuestra muerte en vida eterna. Haciendose consubstancial a nosotros no solamente hasta en nuestra carne, sino descendiendo hasta la última de nuestras miserias, el infierno mismo e incluso hasta el grito terrible del ateo: " Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado?", Cristo introduce el amor, mas fuerte que la muerte y la desesperanza, en todas las situaciones de nuestra existencia.

Por esta razón para un cristiano no hay fracaso: la vida y la luz se encuentran ahora en la profundidad de nuestras mas negras tinieblas. El ojo del corazón, el ojo de la fe, sabe, desde ahora, leer e interpretar, no hay ni un momento en que Dios no nos hable. Y puesto que ÉL ha descendido hasta allí por su humillación voluntaria, asumiendo todo, sin excepción, podemos decir con toda nuestra fe que cada instante es como su lenguaje que quiere decir "te amo".

De este amor loco que yace en lo más hondo de todo y que nos interpela nada puede separarnos, dice aún San Pablo, "ni la tribulación, ni el hambre, la desnudez, los peligros o la espada, la vida o la muerte...sobre todo ello nosotros somos los grandes vencedores por medio de aquel que nos amó" (ROM. 8,35-39)

Sólo la fe, sólo el despertar de ese amor en nosotros es el único objetivo de cada uno de nuestros días y también lo que los transforma de arriba a abajo, haciendo así de nosotros seres resucitados. El discípulo de Cristo, el cristiano, es un hombre consumido por la alegría Pascual, la resurrección funda su vida.

Despierta, tú que duermes y Cristo te iluminará. Hoy, la muerte ha sido absorbida por la vida, y el sentido último de todas las cosas ha sido revelado a los hombres en la luz y el esplendor que emerge del rostro del Resucitado. Dios ha creado el mundo para la resurrección, para que todos los seres participen en su alegría y sean iluminados por este resplandor.
Hay que contemplar ese rostro, impregnarse, unirse a ÉL, porque nos volvemos aquello a lo que nos unimos. Todos aquellos que contemplan, en la liturgia o en la meditación, el hombre Jesús revestido de la misma gloria que el Verbo de Dios poseía antes de que el mundo fuera creado, comprenden que, por ÉL, la misma gloria nos es dada misteriosamente. Esta certeza fundamenta nuestra esperanza que nada logrará vencer.

Según una expresión preferida de los Padres de la Iglesia, la humanidad santa de Cristo resucitado es un "carbón ardiente" penetrado por el fuego no creado de la divinidad.

Quien sea que entre en contacto con ÉL a través de la fe, quien sea sobre todo que lo reciba en él por la comunion eucarística y coopere con esta gracia,ya que uno se convierte en aquello a lo que se une, se vuelve aquello que come, aquel será abrasado (él) también por ese fuego!
Pero como en la "zarza ardiente" ya contemplada por Moisés, este hombre ni es consumido ni destruido, ese fuego divino lo arranca solamente de los límites de su yo terrestre, lo purifica de todos los fermentos de egoísmo y auto suficiencia, lo ilumina en su irradiación y vuelve su corazón ardiente del Amor por el Señor Resucitado, por sus hermanos y por toda la creación.

Desde que Cristo salió esplendoroso de la tumba, su cuerpo de resucitado transfigurado por el brillo de la divinidad es como una chispa lanzada a la paja.
Todo depende ahora de nuestra libertad y nuestra decisión: para aquéllos que aceptan ese don, Cristo resucitado les comunica la vida, la luz la felicidad misma de la Divina Trinidad!

Tal es base inquenbrantable de nuestra fe: en el Resucitado, en su Cuerpo glorificado, en lo abierto de sus llagas, ya no es más la muerte que reina, sino el Espíritu, el Aliento de Vida. Y la cruz de victoria y de luz cuya forma hemos recibido por nuestro bautismo puede de ahora en adelante transformar en muerte-resurrección, en Pascua, en paso hacia la eternidad, la situación mas desesperada.

Y eso es la Iglesia: en su profundidad santa es la matriz bautismal, cáliz eucarstico, apertura hecha para siempre por la Resurrección en la tapadera infernal del mundo caído. La Iglesia, como misterio del Resucitado, es el único lugar donde sin ninguna separación la alegría pascual, la fiesta de las fiestas, el triunfo sobre la muerte y sobre el infierno se ofrecen a nuestra libertad para que ella se vuelva creadora y colabore en la manifestacion definitiva de esta victoria, en la transfiguración definitiva de la historia y del universo, con el fin de que cada uno entre en la alegría de su Maestro. De esto somos los testigos, no tenemos otra responsabilidad.

De ella depende el futuro del mundo y la modificación radical del hombre.

Cristo ha resucitado. Aleluya !

Que ÉL ilumine cada rincón de nuestra alma, que sea la Vida de nuestra vida, no existe otra felicidad.

Con todo nuestro afecto les envíamos el santo Beso pascual. Hasta pronto.

Padre Alphonse y Rachel



Texto para meditar:

El Cristo resucitado dice:
"He abierto las puertas encadenadas,
ya no hay nada cerrado porque yo soy la puerta de todos los seres
Yo fui a liberar a los prisioneros, son míos y no abandono a nadie"

(Odas de Salomon) Siglo I


Oración

Venid, bebamos la bebida nueva, no de la fuente que un milagro hizo brotar de la roca, sino de Cristo, la Fuente incorruptible que sale de la tumba y nos da su Poder.

Todo esta inundado de luz, el cielo. la tierra y el infierno. Que toda criatura celebre la Resurrección de Cristo, en ÉL, ella se fortifica

(Canon de San Juan Damasceno Siglo VII)

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(Traducción Mariana y Maria-Luisa)
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